07-Nov REFORMA JUDICIAL Y PERSPECTIVA CIUDADANA

Las sociedades occidentales no se desarrollan exclusivamente por la calidad de sus instituciones, entendidas estas últimas como las formas que toman los distintos espacios del moderno Estado democrático. Por el contrario, el desarrollo en su sentido integral supone complejos procesos protagonizados por una multiplicidad de actores, individuales y colectivos. Dichos procesos son transforman positivamente la sociedad cuando simultáneamente buscan profundizar la ‘construcción de ciudadanía’.

‘Construir ciudadanía’ es –aunque no excluyentemente- promover que los sujetos se perciban como ciudadanos. Dicho de otra manera: es el fortalecimiento de una imagen específica de sí mismos y de sus pares, todos como portadores de derechos y responsabilidades. Se trata de promover subjetividades articuladas a la plena vigencia del estado de derechos sociales, subjetividades distintas de –por ejemplo- las de quienes en el medioevo vivían bajo regímenes feudales.

Ahora bien: la calidad de esta construcción depende en gran medida de que las transformaciones producidas alberguen algún “sentido” desde la perspectiva de los ciudadanos, como contrapartida necesaria del “sentido” que éstas tienen para quienes las impulsan desde los lugares de poder. Vacíos de tal “sentido” los cambios pueden perder significación y, entonces, corren el riesgo de funcionar como ‘gigantes con pies de barro’ destinados a no soportar la erosión provocada, precisamente, por la falta de un significativo apoyo ciudadano. La ausencia de “sentido” debilita la construcción de ciudadanía, raquitiza las transformaciones y lentifica las posibilidades de desarrollo integral.

Se advierte, así, cómo el orden de lo ciudadano involucra centralmente la conciencia del sujeto entendida como conciencia de ser ciudadano, cuya existencia puede pre-existir a los dispositivos institucionales formalmente existentes. La necesidad de cambio surge, precisamente, cuando tal conciencia pone en evidencia los sin-sentidos de las instituciones por lo que difícilmente éstas puedan protagonizar cambios que, si pretenden ser profundos, no estén motorizados desde el orden de lo ciudadano. Todo el esfuerzo que se realice para reemplazar las viejas arquitecturas institucionales afronta el peligro de tornarse vano si los ciudadanos no perciben el sentido de dicho esfuerzo. Dicho de otro modo: toda re-ingeniería institucional debe contemplar, como punto de partida, la perspectiva ciudadana, asegurarse de que responde a sus expectativas, interpretar qué piensa quien constituye el legitimante último de la organización de lo público.

No se trata de deificar al ciudadano pues él, como sus instituciones, participa de la crisis de desarrollo, con responsabilidades que asumir. Pero tampoco se trata de ignorar su voz pues en ella, antes que amenazas contra las relaciones de poder, puede encontrarse cierta vigilancia epistemológica (si se acepta la extrapolación de este término).

Sostener que toda reforma (judicial, en este caso) debe albergar un sentido para el ciudadano es decir que ella –la reforma- no puede buscar la satisfacción de sus propias necesidades antes que las necesidades ciudadanas. Cuando esto sucede aparecen las que Faleiros (intelectual brasilero) denomina ‘buropatías institucionales’, lugar en el que los objetivos de la institución al servicio de la sociedad son fagocitados y reemplazados por objetivos al servicio de la propia institución enferma.

Para aumentar las posibilidades de lograr un desarrollo institucional genuino la mencionada vigilancia epistemológica cumple un rol fundamental. No se trata de cualquier vigilancia sino de aquella que garantiza la presencia estructural de más ‘sentido’, entendido no como el sentido ilustrado de quienes forman parte de esas instituciones sino como el ‘sentido’ desde la perspectiva ciudadana.

En todo proceso de transformaciones conviene entonces incluir la complejidad de esta dimensión, tarea que no se agota en brindar información unidireccional a la sociedad sino que requiere de dispositivos orientados a favorecer la actualización institucional constante por vía de la retroalimentación Estado-Sociedad. En este contexto es necesario el esfuerzo constante por comprender qué piensa el ciudadano, cómo percibe las intervenciones institucionales, si las representa como parte de sí o como un escollo y, en definitiva, hasta qué punto está dispuesto a legitimarlas.

El término ciudadano (o miembros de la misma familia) aparece en este artículo no menos de veinte veces. Tal reiteración no es casual pues se trata de uno de los requisitos básicos de todo sistema que no se agote en las formas republicanas sino que aspire a asentarse en sólidos ciudadanos republicanos.

Fernando Palermo
Muy buena la pagina. Mucha info interesante. Saludos

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Curriculum
Currículum Vitae

Osvaldo Agustín Marcón es Postdoctorado en Principios Fundamentales y Derechos Humanos (Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, 2017); Doctor en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Entre Ríos, 2015); Magíster en Salud Mental (Universidad Nacional de Entre Ríos, 2009); Diplomado Superior en Ciencias Sociales (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 2007); Especialista en Minoridad (Univers ... Leer más
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